martes, 3 de enero de 2012

SHERLOCK - ESCÁNDALO EN BELGRAVIA


Los que vemos tanta televisión y cine tenemos un defecto, pensar que ya no hay nada nuevo que contar. Se repiten fórmulas, estilos de dirección y no hablemos de los guiones, donde realmente hay que cavar profundo para encontrar algo que merezca la pena. Menos mal que de vez en cuando aparece alguien como Stephen Moffat y te hace tragar tus palabras, y además con gusto. El inicio de la segunda entrega del más famoso detective de todos los tiempos no podía haber sido mejor: Un guión perfecto, divertido, agudo, con unos diálogos cortados al milímetro y donde todas las piezas expuestas encajan finalmente a la perfección.
En él Sherlock se va a encontrar con la horma de su zapato, y no es James Moriarty (irritante hasta la naúsea, se le odia con rapidez), sino Irene Adler(sensual Lara Pulver), una mujer dominadora (se dedica profesionalmente a ello, imagino que sabéis lo que es la "disciplina inglesa"...) y que ve en Holmes a un rival a su altura, implicándolo en un asunto que mezcla el chantaje a un personaje importante de la Casa Real británica y un juego de engaños donde Sherlock tendrá que poner a prueba su inteligencia y, en algunos momentos, su corazón.
La dirección de Paul McGuigan es impresionante, creando un producto televisivo que deja en pañales a un 80% de las películas que se realizan hoy en día. Acciones paralelas, movimientos de cámara. Una serie de recursos que el realizador exprime con sabiduría, por no hablar del increible uso que se hace de las nuevas tecnólogías: Los sms, mails, blog y demás, cuyos textos podemos ver en tiempo real, a la vez que los protagonistas los teclean y que le dan una nueva dimensión a la narración.
Los actores están todos geniales, desde la pareja Cumberbatch-Freeman, pasando por Mark Gatiss (co-creador de la serie), como Mycroft; Una Stubbs, una Mrs. Hudson cañera...
En fin, por ahora, este episodio, pequeña película para televisión, es el mejor de la serie. Tan sólo nos queda esperar que los dos restantes estén a la altura o mejoren, cosa extremádamente difícil, pero no imposible.
El año, catódicamente hablando, no podía empezar mejor.

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