martes, 9 de julio de 2013

TRANCE

Creo que nadie puede achacarle a Danny Boyle que no sea un director inquieto. es verdad que algunas de sus películas es mejor olvidarlas (La Playa, Sunshine...) pero la mayoría tienen siempre un punto de interés, cuando no se han convertido en verdaderos fenómenos de taquilla (Slumdog Millionaire) o han iniciado exitosas sagas (28 días después).
Pues bien, ésta, su nueva película, comienza narrando un golpe, el
robo de un cuadro de Goya que está planificado al milímetro. El narrador es Simon (James McAvoy), un empleado de la empresa de subastas que, una vez que sus "socios" irrumpen en la sala sembrando el caos, debe hacerse cargo de la pintura y dejarse robar por el jefe de la banda, Franck (Vincent Cassel), que tiene una reacción demasiado violenta y propina un tremendo golpe en la cabeza a Simon, golpe que le producirá una amnesia que le impide recordar lo que ha hecho con la pintura. Después de la preceptiva sesión de tortura, Franck y sus chicos creen a Simon y le proponen someterse a hipnosis, al única manera de extraer de su cabeza la información que necesitan.
Hasta aquí la película tiene una estructura lineal, pero una vez que comienzan las sesiones con Elizabeth (Rosario Dawson), la cinta se convierte en un juego de cajas chinas, de diferentes niveles de consciencia en los que a veces no sabremos si lo que vemos es real o impuesto por la hipnotista y quién sabe, el propio Simon, que juega con sus compañeros de robo.
Con una trama muy absorbente, un estilo visual muy personal y momentos de violencia desenfrenada, la película rehace el telefilm escrito y dirigido en el 2001 por Joe Ahearne, que repite en su papel de guionista junto a John Hodge, habitual en la filmografía de Boyle ( Trainspotting; La Playa; Tumba abierta).

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