viernes, 24 de mayo de 2013

TRÍO DE ASES

A GLIMPSE INSIDE THE MIND OF CHARLES SWAN III
El hijo de Francis Ford Coppola, Roman, dirige su primer largo al que podríamos calificar como un cajón de sastre en el que ha metido influencias varias. Pero primero vayamos con el argumento. Su protagonista, Charles Swan III (Charlie Sheen) es un famoso diseñador gráfico de los años 70. Su vida siempre ha sido tremendamente desordenada, pero algo ocurre cuando su última novia, Ivana, lo abandona. Entra en una espiral depresiva que lo hará cometer más de una locura, obsesionado con los celos.
En este camino conoceremos a su hermana Izzy, madre de dos niños y bastante más centrada que él; Kirby Star (Jason Schwartzman) su mejor amigo, cantante folk, monologuista y zumbado y a todo un reparto de personajes a cual más extraño.
Hablaba al principio de las influencias y creo que la más clara y evidente es la sombra de Wes Anderson, que revolotea sobre todo el film. Nos encontramos con una historia y personajes que parecen vivir en esa otra dimensión que el director de Moonrise Kingdom, Viaje a Darjeeling o Life Aquatic nos ha mostrado tan bien en sus películas. Y esto no pretende ser una crítica, ya que te fijas está bien hacerlo de un director con personalidad.

WRONG
Quentin Dupieux es también un realizador, digamos, "curioso". En su anterior película, Rubber, nos mostraba las aventuras y desventuras de una rueda de coche con poderes psicoquinéticos... Casi nada.
Es también narrador de un mundo extraño, surrealista, donde lo raro es lo habitual.
La vida de Dolph Springer da un vuelco cuando se da cuenta de que Paul, su perro, ha desaparecido. Nadie sabe lo que ha ocurrido con el animal, ni su jardinero con acento francés Victor (el cual aprovechará un malentendido para beneficiarse de los favores sexuales de la joven camarera de una pizzería); ni su vecino Mike, que conduce su coche hacia un destino incierto.
Tan sólo el Maestro Chang le aclarará algo del destino del chucho y pondrá a su disposición al detective Ronnie y sus curiosos métodos de investigación.
En fin, lo que al principio puede parecer chocante nos va sumergiendo en una historia cada vez más y más hipnótica en la que lo de menos es la resolución, sino el camino que recorremos y los curiosos personajes y situaciones que vivimos.

UNDER THE BED
Y saltamos al terror. El joven Neal regresa a casa de su padre, durante un tiempo ha estado con una tía, alejado de su familia. Algo terrible ocurrió y su regreso no va a ser fácil. El horror se coló en su vida y la de su hermano pequeño Paulie. Lo peor es que nadie va a creer su secreto, algo que le costó la vida a su madre en un intento de acabar con el mal.
En su habitación, bajo al cama, hay algo, una presencia que regresa por la noche, en la oscuridad y que quiere llevárselos a otro lugar. Están solos, evitan dormir y las sombras, pero saben que tarde o temprano deberán enfrentarse al monstruo, cueste lo que cueste.
La película tiene ese aura propia de las producciones ochenteras, de chavales metidos en terroríficas aventuras, aunque claro está, narradas de una forma más explícita. Y es que una vez que comienza el terror, la sangre salpicará fuera de la pantalla.
Su director, Steven C. Miller, ya despertó al curiosidad de los aficionados con The Aggression Scale, una especie de Solo en casa a lo bruto y ha participado en el filme coral V/H/S.


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