martes, 8 de junio de 2010

IKIKOMORI

Me levanto cada día a las 6:00 de la mañana. Cada día.
Me quito toda al ropa, el pijama y la ropa interior y la tiro en el recipiente para lavar.
Repaso con la maquinilla el poco pelo que me ha crecido durante el día anterior.
Dentro de la ducha lavo mi pelo, el poco que tengo y luego repaso varias veces la superficie de mi cuerpo, cada recodo queda perfectamente limpio. Me seco cuidadosamente, odio la sensación de humedad. Me unto varias cremas protectoras. En los codos, en la cara. Afeito la incipiente barba.
Siempre desayuno lo mismo. Un vaso de leche templada,un bollo y un zumo de naranja natural.
Junto a la puerta de mi casa está ya el periódico que puntualmente me entregan. Estoy suscrito. Lo leo sentado en la taza del váter mientras vacío mis tripas de la frugal cena.
Abro el armaro y pienso en qué día es hoy. Martes. Cojo la ropa del martes. Camisa, corbata, pantalón y chaqueta.
Recojo mi bolsa y abro la puerta. Respiro hondo mientras pasan unos segundos. Ahora. Ya puedo salir. No hay nadie en el pasillo. En esta planta sólo vive una pareja de ancianos y se levantan bastante más tarde que yo.
Cojo un kleenex de mi bolsillo y con él en la mano pulso el botón de llamada del ascensor. Lo hago una pelota y lo tiro en la papelera que hay junto a mí.
El ascensor baja con rapidez. Salgo al portal. La luz del día aún ilumina la ciudad. Con rapidez pero sin correr enfilo mis pasos hacia la boca de metro que hay justo en la esquina de mi edificio. Es tan temprano que prácticamente no hay nadie en el andén. Paso mi bono por el sensor y paso a la estación. Un marcador digital marca los seguntos que faltan para el que metro llegue a mi estación. Cierro los ojos y espero oir el sonido que, lejano, surge del túnel y que se aproxima, poco as poco.
Mientras llega, observo los vagones y elijo uno en el que no haya nadie. A esta hora no es difícil.
Sólo tengo que esperar tres paradas para llegar a mi destino. Si veo que alguien va a subir a mi vagón, cambio de compartimento.
Por fin llego. Subo las escaleras hasta notar el fresco de la mañana. El edificio donde trabajo está al otro lado de la carretera. Por suerte, el semáforo se acaba de poner en verde, así que acelero el paso sin que se note que me pongo un poco nervioso. No me hubiera gustado nada tener que esperar en el paso de cebra.
Queda una hora para que comience a trabajar así que me interno en el pequeño parque que hay junto a mi lugar de trabajo. Siempre me siento en el mismo banco, pero eso sí, antes lo limpio con otro pañuelo de papel. Un gran árbol me oculta pero puedo ver perfectamente la entrada del bloque de oficinas.
Hay días en los que la hora que paso ahí, sentado, va más rápida, otros más lenta. Hoy no tarda demasiado. Veo a la gente que empieza a llegar, algunos son mis compañeros de empresa, otros no.
Ahora sí que respiro hondo, muy hondo. es el momento más complicado del día. Me dirijo hacia el edificio y me meto entre la gente. Nadie me saluda y yo tampoco saludo a nadie. No los miro a las caras, mantengo la mirada baja. Paso de largo por la puerta del ascensor y entro en la escalera de servicio. Nunca me he encontrado a nadie por aquí. Tengo que subir seis pisos, así que lo hago en tres fases para no sudar. Descanso cada dos plantas y cuando llego a mi destino sigo estando fresco como una rosa.
Mi trabajo es aburrido. Lo controlo al cien por cien. Sólo tengo que estar delante de mi ordendor, semioculto por un panel opaco que me protege. Las cifras van llegando y yo sólo he de comprobar que todo esté en su sitio. Así ocho horas. Ocho horas en las que no me muevo de mi silló, no voy al baño, no como, no hablo. Tan sólo miro al pantalla de mi ordenador.
Hay ciertos momentos en los que el flujo de datos se ralentiza y puedo aprovechar para hacer tareas más "personales". Hago el pedido de mi comida, los libros que leo, películas que veo. Todo lo que necesito está en la red, no me hace falta tratar con empleados lentos y despreocupados.
Miro mi reloj. Faltan cinco minutos para salir pero yo espero hasta que todos se han marchado. Los oigo levantarse antes de tiempo, gritando, vociferando como la extraña manada que son.
Por supuesto a esta hora me sería imposible bajar la metro, hay demasiada gente, así que camino por las calles que conozco a la perfección. Elijo las menos populosas. De paso hago algo de ejercicio. Tantas horas sentado no son buenas para nadie y aunque más tarde haré ginmasia en casa desentumezco mi musculatura.
Llego a casa. Por suerte no hay nadie esperando el ascensor. Llego a mi planta y abro la puerta, temblando ligeramente. Me quito la chaqueta y la corbata. Voy al baño y orino por un largo rato. En la cocina bebo un gran vaso de agua fresca y me pongo a cocinar. Cada día de la semana me toca comer algo diferente. Saqué el menú de una página de internet. Hoy tocan macarrones con queso. Bien, me gustan.
Abro una botella de Lambrusco y vierto el vino fresco en una copa. El resto lo tiro al fregadero. Sólo bebo una copa al día mientras como.
Vuelvo a ducharme y cojo un pijama limpio. Programo la lavadora y el lavavajillas. El sonido de los electrodomésticos me acompaña mientras barro y friego el piso.
Cuando termino ojeo algunas páginas web que me interesan, pero casi siempre me canso al poco rato. Me tumbo en el sofá y leo algo, un libro o un comic. Pasan las horas. Tengo un pequeño gimnasio en una de las habitaciones. Hago mis ejercicios diarios para mantenerme en forma: Bicicleta, correr en la cinta, abdominales y pesas.
Me doy mi tercera ducha. Después es hora de cenar. Sólo como un poco de queso con un trozo de pan, no tengo mucha hambre.
Voy a mi dormitorio y me tumbo en la cama. Tengo conectado el ordenador a mi tenevisor de cuarenta pulgadas. Veo una película extranjera, leo los subtítulos y por una hora y media o dos horas consigo abstraerme, relajarme.
Son las doce de la noche. Me levanto y voy al cuarto de baño. Orino y defeco. En la cocina me tomo la pastilla para dormir.
Apago la luz y me tumbo en la cama. Espero el amodorramiento que me da la pastilla. A veces tarda más que otras. Pienso en mañana.
Mañana será sólo otro día.

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