viernes, 17 de enero de 2014

THE WOLF OF WALL STREET

El adjetivo que primero me viene a la cabeza después de ver la última película de Martin Scorsese es "Excesiva", pero no lo veáis como algo peyorativo. Todo lo contrario, es un fiel reflejo de lo que narra, la vida de Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio), un tipo ingenioso que da con el negocio de su vida... La venta de acciones basura por la que cobra el cincuenta por ciento de la comisión. En poco tiempo la pequeña oficina en la que empieza se transforma en una planta entera de un edificio, con docenas de agentes a los que contagia su descontrolado modo de vida: Drogas, alcohol, prostitutas, majorettes, confeti... la locura, vamos.
Durante tres horas (que por cierto, pasan en un suspiro) acompañaremos a Jordan en este viaje desquiciado, y Scorsese, como el gran maestro que es, nos subirá en su particular montaña rusa, visualmente apabullante y con un guión de Terrence Winter que roza lo sublime. El tono es de comedia, pero hay momentos en los que la sonrisa se queda congelada, por lo extremo de lo que observamos en la pantalla (el efecto que hacen en Belfort unas pastillas con las que se droga, por ejemplo).
Los actores están en estado de gracia, con un DiCaprio que se mete a fondo en el personaje, haciéndolo totalmente creíble, así como el interpretado por Jonah Hill, su amigo del alma y compañero de correrías. Y cabe destacar el retrato que hace Margot Robie de Naomi LaPaglia, una bomba sexual que pasa de ser un animal sexi a una sufrida esposa.
Para terminar, sólo decir que la realidad supera a cualquier ficción, ya que esta película narra algo que sucedió de verdad, y el final de ésta no puede ser más aplastante.

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