miércoles, 25 de julio de 2012

THE DARK KNIGHT RISES

Creo que voy a empezar por el final. Y es que uno de los aciertos de Christopher Nolan en ésta, su tercera y última de la saga Batman, ha sido darle un cierre perfecto a "su" versión del héroe oscuro. Finalmente, cuando la cinta termina y comienzan los títulos de crédito podemos irnos satisfechos, ya que no queda ningún hilo suelto en la trama. Han pasado ocho años desde la muerte de Harvey "Dos Caras" Dent. Batman cargó con la culpa de su fallecimiento y abatido por la pérdida de Rachel Dawes se retiró de las calles (y azoteas) de su amada ciudad. El Comisario Gordon aprovechó esta circunstancia para crear la Ley Dent, que podía retener a los criminales en prisión sin concederles ningún tipo de fianza (éste es el primer punto polémico). Pero ahora, un terrorista llamado Bane ha escapado y tiene un plan para hacerse con el control de Gotham. Bruce Wayne se verá obligado a vestir la capa de nuevo, pero ya no es el mismo. Físicamente tocado tendrá que enfrentarse a Bane, un auténtico tanque repleto de músculo, una imparable máquina de matar que a diferencia de su versión comiquera, esconde en su interior a un poeta, como podemos comprobar con sus largos monólogos. El frío e inhumano asesino ruso se ha transformado en alguien con una historia, un personaje con un pasado mucho más interesante que en las viñetas. El triunfo del villano, la traición de Selina Kyle y la caída de la ciudad, harán que Wayne comience su particular calvario. Abandonado en un pozo, deberá renacer de sus cenizas y salvar a Gotham. Con el cuerpo de policía retenido en las alcantarillas de la ciudad, sin Alfred, con Gordon herido en la cama de un hospital, sólo tendrá un aliado: el joven agente Blake, que siempre ha vivido bajo la sombra del murciélago, admirándolo desde el reformatorio donde vivió su infancia. Pese a un mensaje de fondo bastante discutible, lo importante es reseñar que Nolan ha dado en el clavo de nuevo y realiza una película coral (curiosamente es en la que menos sale Batman y en la que todos los actores tienen su pequeño momento de gloria), con un ritmo impresionante (sus casi tres horas se pasan volando), con más de una sorpresa y que deja una trilogía de un personaje que no supo ser tratado por anteriores realizadores.

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