
Es curioso ver cómo ha avanzado la medicina con el devenir de los tiempos. A principios del siglo veinte aún se creía en una afección femenina que da título a esta comedia. En ella se nos presenta al joven doctor Mortimer Granville (Hugh Dancy, el fúturo Hannibal Lecter televisivo) un abnegado médico que intenta infructuosamente aplicar los nuevos descubrimientos a la medicina. Tras ser despedido de un sanatorio entra a trabajar con un reputado colega, el doctor Robert Dalrymple, que en su casa alivia a una auténtica legión de féminas de este padecimiento, estimulando sus partes pudendas. Es tal el éxito de su método que, una vez que Mortimer comience a trabajar experimentará una brutal ascención en el número de visitas, así como a padecer unos terribles dolores en la mano con la que "ejecuta" el tratamiento.
A la vez que lidia con su nuevo trabajo, el joven conocerá a las dos hijas de Dalrymple: Emily y Charlotte. La primera es una bella y estudiosa frenóloga con la que comienza un inocente noviazgo. La otra hermana es lo opuesto, liberal, rebelde, regenta una casa de acogida de pobres, desvalidos mendigos y otras gentes de la calle.
No será hasta que el millonario y aburrido inventor Lord Edmund (Rupert Everett), amigo de Mortimer, intervenga en la historia inventando el primer consolador de la historia. Un aparato que, pese a los aparatoso de su montaje, funcionaba a la perfección. Las colas se harán interminables en la consulta y será el comienzo de un descubrimiento que hará más llevaderas las vidas de las sufridas féminas de la época.
Comedia divertida, con un buen casting y que la verdad, nos descubre la génesis de una invención que cambió la vida íntima de muchas personas.
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