jueves, 4 de febrero de 2010

WHAT I LIKE


Pasear por la playa, ya sea en verano o en un frío y solitario día de invierno.
La comida japonesa.
Estar en una sala de cine, solo.
Hard, de Johnny Cash.
Comprar un libro.
Tomar un café con un amigo.
Conducir por puro placer, sin destino alguno.
La obra de Jiro Taniguchi.
El casco Antiguo de Cádiz, siempre que no sea Carnaval o Semana Santa.
Ese silencio que se produce, en raras ocasiones, y en el que el ruido de la ciudad desaparece como por arte de magia.
Escuchar, cuando hay algo interesante que oir.
Que me hagan reir.
Chet Baker.
Tom Waits.
Los Monos.
Freek! forever.
Lila.
Los gatos.
Cualquier página escrita por Paul Auster.
Barcelona...
Esa chica que me sonrió en la playa y que un mal día desapareció.
Las tendidas de San Fernando.
Abrir los ojos un domingo por la mañana y saber que puedo seguir el rato que quiera en la cama.
Una copa de buen vino, de vez en cuando.
Un abrazo de verdad.
Hacer una tortilla de patatas.
El Brighton, pura maravilla.
Escuchar la lluvia tras la ventana y hace años, caminar bajo ella.
Esa extraña sensación, como un hormigueo, que tengo al oir hablar a algunas personas.
Mis amigos.
Y muchas, muchas cosas más, Pero esas me las guardo para mí.

LA MÁQUINA PERFECTA


Saliendo a duras penas de un enfriamiento de caballo que me ha tenido varios días recluido en casa, recuerdo alguno de esos documentales que a veces ponemos para poder conciliar el sueño después de un buen almuerzo. En uno se hablaba de lo perfectamente diseñado que estaba el cuerpo humano. Y lanzo esta pregunta al viento: ¿Hay alguien, de entre 30 y 40 tacos, que no tenga algún tipo de enfermedad o la esté desarrollando?
Dolor de espalda y de huesos en general.
Pérdida de visión.
Problemas estomacales.
Stress, nervios.
Insomnio.
Alopecia galopante...
Y podía seguir. No conozco a nadie que no tenga alguno de estos padecimientos o incluso otro aún más raro.
Me da la impresión de que cuando cumplimos la treintena una luz se enciende en nuestro interior y comienza la fase de "avería". Y no hay vuelta atrás, al contrario. Ya puedes atiborrarte de pastillas, remedios caseros y sacarte el carnet de socio en un herbolario. Tu hasta entonces lozano cuerpo conoce lo que es el dolor y a partir de ahí tan sólo te queda convivir con él.
Una cosa. Da igual que hagáis deporte o que seáis unos alcohólicos y/o drogadictos. La guillotina cae igual para todos, de esta no se salva nadie.
Sabéis qué, ya no veo documentales. Prefiero reirme con SLQH. Es más sano, eso seguro.

miércoles, 3 de febrero de 2010

DAYBREAKERS


Es gratificante que con los tiempos que corren, en los que hordas de chavalitas histéricas piensan que un vampiro es lo que les están vendiendo en la saga Crepúsculo, un director o mejor dicho, hermanos directores, creen una película como ésta.
Es el año 2019 y los vampiros forman una sociedad que imita a la humana, un virus los transformó en lo que son y tan sólo el ansia por beber sangre los diferencia de nosotros. Lo malo es que las reservas, auténticas bodegas en las que en vez de toneles vemos como personas son drenadas hasta dejarlas secas, se están terminando. El doctor Edward Dalton, un apocado y demasiado humano vampiro, será el encargado de encontrar un sustitutivo a la sangre. Su jefe, el todopoderoso dueño de la multinacional Bromley(Sam Neill) le insta a que salve a su especie.
Narrada con muy buen pulso, con momentos en que se nos arrojan a la cara cubos de sangre y algún que otro detalle gore, la original historia nos muestra el día a día de estos vampiros urbanitas, y el problema que afrontan ante la falta de sangre. En el subsuelo viven los enfermos, los que se han transformado en monstruos y se muerden a sí mismos para sobrevivir.
Sólo será cuando el camino del doctor Dalton se cruce con un grupo de humanos, liderados por Elvis (genial Willem Dafoe)en el que vislumbre una posible cura para la enfermedad vampírica.
Tremenda la escena en la que que los vampiros enfermos son ejecutados. Impactante.
Si te gusta el género de los chupasangre, dale un oportunidad a esta película.
Si te da miedo la sangre, échale otro vistazo a las lánguidas aventuras de Eddie Cullem...

sábado, 30 de enero de 2010

OUR TOWN


Es curioso como podemos llegar a conocer la existencia de una película. En este caso lo hice mientras leía un artículo en el último número USA de Criminal. En él, el escritor de serie negra Tom Picirilli comentaba cuáles habían sido las últimas producciones coreanas de cine noir que le habían impresionado y la primera de la que hablaba era Our Town. Se lo comenté a mi amigo rastreador, Kikotano, y con gran celeridad la encontró y realizó un gran trabajo sincronizando los subtítulos.
La historia nos presenta a un joven escritor de novela negra, hiperviolenta. Está obsesionado con los criminales en serie y hay momentos de su miserable vida en los que fantasea con la idea de matar.
A la vez, su mejor amigo, inspector de policía, está inmerso en la resolución de unos asesinatos cometidos por un serial killer.
El escritor cae en un abismo si fondo y tras una pelea con la propietaria de su apartamente acaba matándola. Coloca el cadáver de la misma forma que los que se han encontrado con anterioridad y sin pretenderlo mueve una ficha que hará que los acontecimientos tomen un camino muy dramático.
Esta película coreana del 2007 puede contarse, junto a The Chaser y las producciones de Johnny To, entre lo más interesante que se realiza en estos momentos en el cine asiático de género negro.
¿Podemos crear involuntariamente a un asesino en serie? ¿Hasta dónde llega la amistad? Estas y otras preguntas quedarán contestadas en esta buenísima película del director Gil-yeong Jeong.

jueves, 28 de enero de 2010

EL HOMBRE DE LA TRASTIENDA


Paolo trabajaba en una farmacia, su trabajo consistía en elaborar fórmulas y medicamentos en la trastienda o rebotica. Nunca salía al mostrador, el farmaceútico le pasaba los pedidos por una minúscula ventanita. Esa era su única conexión con la vida del negocio.
Pasaba las horas, los días, atento a cada ingrediente. Su padre lo había enseñado bien, desde que no levantaba un palmo del suelo había asistido, silencioso y atento, a la sutil coreografía que su padre ejecutaba. Extraía con cuidado de cada enorme tarro al porción exacta del componente que necesitaba. Pocas veces usaba la pequeña balanza que reposaba en la mesa. Y ese fue el gran y único regalo que nunca obtuvo de él. Una profesión que amaba.
Pero estar recluido todo el día entre esas cuatro paredes comenzó a mellar la tranquila existencia de Paolo. Se aburría, y mucho. Sus manos actuaban solas y casi sin darse cuenta elaborabalas recetas que constantemente iban entrando por el ventanuco.
Entre pedido y pedido se acercaba a la puertecilla entreabierta y oteaba, oyendo las convesaciones del farmaceútico con los clientes. La joven madre que, agobiada, compraba latas y latas de papilla para los gemelos que había traído al mundo y que acababan con su pacienci; el jovenzuelo que, nervioso, estaba probando los placeres del sexo con su primera novia y se gastaba todo lo que tenía en preservativos; la vieja viuda que llegaba, se sentaba en un rincón y a voces (era sorda) ensordecía el habitualmente tranquilo negocio...
Cuando oía que la anciana llegaba se ponía nervioso, no soportaba sus gritos, sus preguntas sin respuesta, siempre reclamando la atención del sufrido farmacéutico.
Tuvo una idea que le provocó una sonrisa. Una vez a la semana, la señora venía a buscar una formula que la libraba temporalmente de un estreñimiento crónico que padecía desde la juventud. Si añadía unos gramos más de uno de sus componentes haría que el único sitio donde estuviera sentada durante una temporada fuese la tapa del váter.
Y así lo hizo, mientras mezclaba temblaba de emoción. Nunca había sentido nada así. Aquella noche no durmió, regocijándose con lo que había hecho.
La señora no volvió hasta un mes después. Se dio cuenta por casualidad, gracias al saludo de su jefe. Ella no era la misma. Un hilillo de voz salía de su boca y en su hasta entonces orondo cuerpo se notaba el resultado de la dura "dieta" a la que Paolo la había sometido.
Cerró en ventanuco y se sentó, sudoroso. Le costaba respirar. ¿Estaba arrepentido por lo que había hecho? No, lo que sentía era emoción y casi sin poder evitarlo comenzó a reir.
La historia de Paolo terminó cuando un antiguo militar comenzó a ir a por una fórmula contra los terribles dolores que padecía en su pierna derecha, fruto de una herida de guerra mal curada. El tipo era insoportable y daba órdenes a diestro y siniestro, pensando que aún se encontraba entre reclutas. La gota que colmó el vaso fue el día que Paolo corría de un lado a otro de la estancia, agobiado por un súbito incremento en los clientes que querían fórmulas. Su mente iba a toda velocidad, mezclando, empaquetando y pasando por el ventanuco.
El militar vociferaba, que si tenía prisa, que vaya inútil de ayudante que tenía... Paolo lo escuchaba y cada vez se iba poniendo más nervioso. Entonces llegó a la recetza que solicitaba la medicina del viejo. Uno de sus componentes era un veneno que en una porción minúscula, y combinado cn otros elementos, eliminaba temporalmente el dolor de la lesión. El pensamiento sólo cruzó un segundo por la cabeza de Paolo, pero fue suficiente. Los bastonazos en el suelo y los gritos del tipo bastaron para empujarlo. Añadió unos granos más del elemento, letal por sí solo. Respiró hondo y envolvió el pequeño paquete.
Estaba hecho, no había vuelta atrás.
Pasaron los días. Paolo vivía en un constante estado de histeria. Rompió sin querer algunos tarros, cosa que nunca en sus vida profesional le había ocurrido. Su jefe llegó a ofrecerle unos días de descanso si los necesitaba. Pero no, el quería seguir allí, vigilante.
El militar no volvió nunca más.
Pasaron las semanas y Paolo volvió a ser el que era. Cuidadoso y eficiente. Decidió dejar de jugar con las fórmulas y siempre mantenía la portezuela cerrada. Quería aislarse de la botica. No saber nada no oir nada.
Pero un día, mientras limpiaba la mesa de madera sobre la que trabajaba observó, casi por casualidad, como una pareja de policía hablaban con su jefe. El paño húmedo resbaló de su mano. Se acercó al cristal de la ventana y comenzó a temblar. Los rostros de los agentes estaban serios y uno de ellos gesticulaba mucho.
Paolo se dio la vuelta, miro hacia el suelo y tomó una decisión.
Sin mirarlo, cogió el bote que contenía el veneno e introduciendo una cuchara comenzó a comerlo a cucharadas.
...
La puerta de la trastienda se abrió y el farmaceútico entro, riéndose.
- Vaya, Paolo. Hay que ver como es la gente... Han llegado dos policías buscando una medicina que ya no se fabrica y no veas la de explicaciones que les he tenido que dar. Oye, que no me creían...
-Paolo, ¿te pasa algo? Tienes muy mala cara, hombre.

martes, 26 de enero de 2010

THE FOURTH KIND - LA CUARTA FASE


El comienzo de esta peli da un poco de risa, ya que vemos como una desvaída silueta se aproxima hacia el espectador y resulta ser la actriz Milla Jovovich, que con careto de circunstacias nos introduce en esta peli, o debería decir docudrama?
Si creéis en los OVNIS fliparéis en colores con la historia que se nos narra, combinando fragmentos reales de entrevistas con dramatizaciones de éstas y del resto de la historia. En ella se nos narra como la Dra.Abbey Tyler ha sufrido en sus carnes el asesinato de su marido, dejándola a ella y a sus hijos tocados de por vida (la niña pequeña padece ceguera traumática). Regresa a Nome, en Alaska y retoma el trabajo de su marido como psicólogo y lo que es más importante, a sus pacientes.
A partir de este momento seremos testigos de una serie de entrevistas que terminan de forma aterradora, con los pacientes sufriendo una regresión hacia un momento determinado de la noche. Todos comparten los mismos síntomas y ven en la ventana de sus dormitorios a una lechuza que los mira fijamente...
Como película no nos hayamos ante una gran cosa, pero es escalofriante ver los fragmentos reales d ela sgrabaciones realizadas por la doctora, a la que también veremos siendo entrevistada por el director de la cinta. Su cara y aspecto lo dicen todo. A destacar el final de ésta entrevista, cuando la cámara retrocede y nos ofrece un plano amplio de la mesa donde están las dos personas.

domingo, 24 de enero de 2010

LUCKY MAN


Tiene 42 años.
Mantiene disecados a sus padres en el salón, sentados frente al televisor. Los mató de pasividad, frialdad y mentiras.
Su sombra sonríe, lo mira y admira lo bueno que es en todo. Cada opinión que da, los comentarios que salen por su bendita boca, todo él es perfecto. Se siente tan orgullosa de ser su sombra.
Hay palabras que no figuran en su diccionario: Amistad, verdad, compromiso y la peor de todas. TRABAJO...
Salta de casilla en casilla, evitando las fauces de la fiera que tarde o temprano lo devorará a él y a su sombra. Es lo que hay.
Puedes verlo, paseando indolente. Hasta parece alguien. Ja.
Lo mejor de todo es que aún tiene suerte y mantiene esa fachada. Pero la pintura comienza a resquebrajarse, amigo. Prácticamente has recorrido la mitad de tu camino, tal vez más. Nunca se sabe.
Todo lo bueno se acaba y a tí no te queda mucho tiempo.
Cómprate una gorra y una guitarra, nos veremos en cualquier esquina. Al fin y al cabo siempre has pensado que eres un artista, ¿no?